PARIS ERA UNA FIESTA

“Una chica entró en el café y se sentó sola en una mesa junto a la ventana. Era muy linda, de cara fresca como una moneda recién acuñada si vamos a suponer que se acuñan monedas en carne suave de cutis fresco de lluvia, y el pelo era negro como ala de cuervo y le daba en la mejilla un limpio corte en diagonal.

La miré y me turbó y m epuso muy caliente. Ojalá pudiera meterla en mi cuento, o meterla en alguna parte, pero se había situado como para vigilar la calle y la puerta, o sea que esperaba a alguien. De modo que seguí escribiendo.

El cuento se estáescribiendo solo y trabajo me daba seguirle el paso. Pedí otro ron Saint James y sólo por la muchacha levantaba los ojos, o aprovechaba para mirarla cada vez que afilaba el lápiz con un sacapuntas y las virutas caían rizándose en el platino de mi copa.

Te he visto monada, y ya eres mía, pormás que esperes a quien quieras y aunque nunca vuelva a verte, pensé. Eres mia y todo París es mío yo soy de este cuaderno y de este lápiz.

Luego otra ve z a escribir, y me metí tan adentro en el cuento que allí me perdí. Ya lo escribía yo y no se escribía solo, y no levanté los ojos ni supe la horano guardé noción del lugar ni pedí otro ron Saint James. Estaba harto de ron Saint James sin darme cuenta de que estaba harto. Al fin el cuento quedó listo y yo muy cansado. Leí el último parrafo y luego levanté los ojos y busqué a la chica y se había marchado. Por lo menos que esté con un hombre que valga la pena, pensé. Pero me dio tristeza.

Cerré la libreta con el cuento dentro y me la metí en el bolsillo de la cartera, y pedí al camarero una docena de portuguesas y media jarra del blanco seco que allí servían. Al terminar un cuento me sentía siempre vaciado y a la vez triste y contento, como si hubiera hecho el amor, y aquella vez estaba seguro que era un buen cuento, aunque para saber hasta dónde era bueno había que esperar a releerlo al día siguiente.

Comiendo las ostras con su fuerte sabor a mar y su dejo metálico que el vino fresco limpiaba, dejando sólo el sabor a mar y la pulpa sabrosa, y bebiendo el frío liquido de cada concha y perdiéndolo en el neto sabor del vino, dejé atras la sensación de vacío y empecé a ser feliz y hacer planes.”

ERNEST  HEMINGWAY

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2 Comments

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  1. daniela muttis 23 marzo, 2012 — 12:49

    es precioso ese texto.

    Amo el otoño
    y lo que más me gustaría sería
    dedicarme a leer en un bar frente a una playa, cualquiera sea,
    en la fresca tarde
    aunque el café se enfríe como siempre o el espacio de la ciudad se pierda bajo la bruma más densa.

    • El libro es realmente atrapante, lo llevo conmigo y ya re leo. Creo que Woody lo leyó también muchas veces y atrapó parte de esa magia parisina para su hermoso film.
      Gracias por vistar y comentar el blog este MUTTIS.
      Café en el termo, agua y chocolate de alto octanaje para cualquier viaje.
      Sabado de memoria encendida!
      ya estoy en la calle

      RSA

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